La denuncia llegó a la ONU en una carta que Reuters dio a conocer el 9 de octubre. En ella, el canciller etíope Gedion Timothewos sostiene que una «invasión total» de fuerzas eritreas dejó a su país sin otra opción que defenderse, de acuerdo con el resumen diario de Just Security. Es la primera vez que el gobierno de Abiy Ahmed se pronuncia oficialmente sobre las incursiones de tropas de Asmara, y lo había acusado formalmente ante Naciones Unidas dos días antes. El sábado 10 de octubre, el ejército etíope recobró Adigrat, ciudad de Tigray en la que testigos habían visto soldados eritreos tres días antes; esas tropas se retiraron, según el portal de actualidad de Wikipedia, que cita a Al Jazeera y al Oman Observer.
Con la carta, el conflicto ya no se limita a una guerra interna contra la insurgencia de Tigray. Pasa a ser un enfrentamiento con un Estado ribereño del mar Rojo, ruta marítima donde los hutíes de Yemen atacan embarcaciones desde 2023.
la guerra es regional y es una guerra por controlar el mar Rojo
Adigrat, el 7 de octubre
Dos personas, por lo menos, contaron a Reuters el miércoles 7 de octubre que habían visto «decenas» de soldados eritreos en dos camiones dentro de Adigrat, unos 25 km al sur de la frontera. Los identificaron por el camuflaje blanquecino de sus uniformes, según el reporte de Al Jazeera. Reuters no pudo comprobar por su cuenta lo que dijeron.
Quien dirige la Fuerza de Paz de Tigray, milicia que apoya al gobierno federal, es Gebreigziabher Beyene. Su versión: «El ejército eritreo ha entrado en Tigray uniformado y con armamento pesado».
Eritrea no negó que sus soldados estuvieran allí. Yemane Meskel, su ministro de Información, escribió en X que Etiopía construye «una narrativa falaz de "autodefensa" para racionalizar y camuflar su guerra de agresión», recogió Al Jazeera.
La guerra se reabrió el 23 de septiembre
Ese día se reanudaron los enfrentamientos entre el ejército federal y siete grupos opositores al primer ministro, aliados entre sí, que incluyen al Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF), informó Al Jazeera. AFP indica que el TPLF atacó en dirección a Afar y Amhara, dos regiones, y que el gobierno respondió avanzando en tres ejes hacia Mekelle, la capital tigriña.
AFP, en una nota publicada por France 24, contó que al 2 de octubre las fuerzas progubernamentales habían retomado Abala, Erebti y Megale, localidades afares, según el observatorio ACLED, y que la Fuerza de Paz de Tigray afirmaba tener el aeropuerto de Mekelle. También informó de una explosión en el Ministerio de Defensa en Addis Abeba, atribuida con mayor probabilidad a ataques de drones. Era la primera señal de que la guerra podía alcanzar la capital.
La noche del sábado 3 de octubre, el TPLF comunicó que dejaba Mekelle «temporalmente» para «operar desde otro lugar»; las tropas federales ocuparon la ciudad. El domingo 4, un dron mató a ocho civiles, un niño entre ellos, en un campamento de desplazados de Sheraro, según AFP.
Cuántos murieron en la guerra de 2020 a 2022 es algo todavía discutido. Para Olusegun Obasanjo, mediador de la Unión Africana, fueron unos 600,000; para investigadores de la Universidad de Gante, entre 162,000 y 378,000, según la compilación de cifras de Wikipedia. Hubo además más de 2.7 millones de desplazados. Entonces, las tropas eritreas combatían junto a Addis Abeba, y se les atribuyen atrocidades como la masacre de Axum. Eritrea quedó excluida del cese de hostilidades que se firmó en Pretoria el 2 de noviembre de 2022, y sus fuerzas continuaron en zonas de Tigray durante 2023.
De socios en 2018 a rivales en 2026
La relación entre Abiy y el presidente eritreo, Isaias Afwerki, dio un vuelco en ocho años. Julio de 2018: en una cumbre en Asmara acordaron normalizar sus vínculos diplomáticos y abrir las fronteras, dos décadas después de la guerra de 1998-2000, en la que murieron entre 70,000 y 80,000 personas. Excluido de Pretoria, Afwerki se sintió traicionado y comenzó a armar a rebeldes amhara, de acuerdo con el historial de la relación bilateral que recoge Wikipedia. En febrero de 2025, Eritrea prohibió los vuelos de Ethiopian Airlines y movilizó tropas.
Etiopía anunció el cierre de su embajada en Asmara y la expulsión de diez diplomáticos eritreos, y el 1 de octubre Eritrea respondió rompiendo relaciones diplomáticas. Addis Abeba señala que Eritrea, Sudán y Egipto respaldan a la oposición armada; El Cairo y Jartum lo rechazan. Etiopía expulsó además, sin explicarlo, a un diplomático egipcio, y El Cairo hizo lo mismo con uno etíope.
El mar, en el centro
Etiopía quedó sin salida al mar con la independencia de Eritrea, en 1993, y ese es el núcleo de la disputa. Al iniciar un nuevo mandato de cinco años, Abiy repitió que el país «debe tener acceso al mar Rojo». En el Parlamento fue más allá: «La pérdida de nuestro acceso al mar no fue voluntaria. Nos fue impuesta mediante presión externa», declaró, y añadió que se buscará por medios «pacíficos», según AFP. Eritrea teme que Abiy proyecte invadirla para tomar el puerto de Assab.
Desde el otro bando, el líder del TPLF, Debretsion Gebremichael, dijo en un video del 1 de octubre que «la guerra es regional y es una guerra por controlar el mar Rojo». Edward Bach, analista de la consultora Verisk Maplecroft, considera que la marcha de las tropas etíopes hacia el norte y los drones sobre el norte de Tigray «sugieren que las fuerzas etíopes están preparando las condiciones para un conflicto con Eritrea».
También el domingo 4 de octubre, en El Alamein, en la costa egipcia, se reunieron los líderes de Eritrea, Egipto, Somalia y Sudán. Su declaración conjunta pide una solución política y pacífica para la guerra en Etiopía. El día anterior, el Departamento de Estado de Estados Unidos había avisado de que las tensiones «tienen el potencial de afectar a toda la región» y había pedido «máxima contención» a los dos países. Washington había retirado en septiembre sus sanciones al partido gobernante y a las fuerzas armadas de Eritrea, cuando se deterioraba la seguridad en el mar Rojo y en Yemen, donde los hutíes, con respaldo de Irán, ganaban terreno en la costa.
La ruta que ya está en crisis
Si Etiopía y Eritrea chocaran, se abriría un segundo frente en esa vía marítima. Los hutíes han dañado al menos 30 barcos y hundido cuatro buques de carga desde el 19 de octubre de 2023, según el registro del conflicto. En 2026 ampliaron sus ataques a Arabia Saudita: el sábado 10 de octubre, uno contra el aeropuerto King Khalid de Riad dejó 13 muertos y más de 300 heridos, reportó France 24.
Lo que sigue sin respuesta
Con la salida de las tropas eritreas de Adigrat, la acusación formal que Etiopía presentó ante la ONU no queda sin efecto. Y se ignora desde dónde opera hoy la dirigencia del TPLF, que al dejar Mekelle únicamente dijo que actuaría «desde otro lugar».



